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En abril de 1805 se ratifica la solicitud por parte del Alcalde Ordinario Primero, don Diego Antonio del Castillo. Este proyecto se detuvo hasta 1811, fecha en que el Síndico Procurador General reanuda la petición, la cual sería finalmente aprobada por el Cabildo. Siendo otra vez Alcalde Ordinario Primero, don Diego Antonio del Castillo, es comisionado por el Ayuntamiento, el 22 de diciembre de 1812, para que supervisara el inicio de las obras del Cementerio General.
En 1835, a consecuencia de la epidemia del cólera morbo que azotó la villa, se hizo necesaria la ampliación del cementerio, para lo cual se compraron los solares ubicados al fondo, con árboles frutales y dos casas. Al finalizar la epidemia en 1836, no se consideró urgente ya realizar la ampliación, de modo que las obras terminaron tres años más tarde, en 1839. Este ensanchamiento se realizó hacia la parte norte y se dotó al cementerio de una puerta de entrada, toda de hierro trabajado. Sobre ella se colocaría una inscripción: " Señores, respetad este lugar" que luego sería sustituida por otra: " Beati Mortui qui in Domino Moriuntur" (felices los muertos que mueren en el señor). La que existe actualmente reza: " Dios de Gloria, paz a los que aquí reposan". A pesar de esta primera ampliación, el Ayuntamiento comprendió que aún resultaba insuficiente para el servicio público, debido al notable incremento de la población. El nuevo tramo fue bendecido el 12 de febrero de 1863.En 1886 se inaugura un último tramo, en el que se siguió el proyecto de Francisco Cabrera Porro, maestro de obras de esta ciudad. En el cementerio de Camagüey-el más antiguo de Cuba que se conserva en pleno funcionamiento- existen elegantes bóvedas y costosos mausoleos, de diferentes estilos arquitectónicos. Allí están enterradas diversas personalidades de nuestra historia; verbigracia: Ignacio Agramonte; los mártires de 1851: Joaquín de Agüero, Fernando de Zayas, Tomás Betancourt, Miguel Benavides; Salvador Cisneros Betancourt, los generales Javier de la Vega, Lope Recio y Maximiliano Ramos; Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño); Fray Olallo Valdés; Amalia Simoni Argilagos; Rosa Castellanos (La Bayamesa); Carmen Zayas Bazán de Martí; el historiador Torres Lasqueti y los revolucionarios Alfredo Álvarez Mola, Mario Herrero Toscano, Mario Aróstegui, entre otras. Hay, además, en la necrópolis de Camagüey un pequeño monumento erigido en 1933 por la alcaldía municipal, sobre la base de una antigua tumba, con una placa de mármol donde puede leerse un epitafio que ha sido recitado por varias generaciones de camagüeyanos: Aquí Dolores Rondón La poesía apareció alrededor de1883, escrita con letras negras sobre una tablilla de cedro, pintada de blanco. Manos anónimas la restauraban siempre que se deterioraba, durante medio siglo. La figura de Dolores Rondón generó una legendaria historia de amor que ha sido perpetuada en libros y piezas teatrales. Cuenta la leyenda que la hermosa y altiva criolla, nacida hacia 1812, se casó con un oficial español, despreciando al joven barbero mulato Francisco Juan de Moya y Escobar, quien sentía por ella una pasión profunda y verdadera. Dolores enviudó, empobreció y cayó enferma de muerte. En su lecho de moribunda del Hospital de Mujeres del Carmen, sólo tuvo a su lado a su desdeñado pretendiente que cuidó de ella con desvelo y amor, hasta el momento de su deceso. Presuntamente, fue Francisco quien le dedicó el sugestivo epitafio, expresión de sus valores éticos y de su posible despecho por los que él consideró fueron los principales defectos de la mujer amada. Los historiadores han encontrado la existencia real de una parda, llamada María Dolores Aguilera y que también aparece como Dolores Rondón. Nació en 1811 y murió en 1863, soltera y sin descendencia. Fue enterrada de limosna. |
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